Recuerdos de las primeras noches...
No esperaba que la noche me alcanzara tan rápido, mucho menos que el tiempo se bebiera mi cerveza antes de que yo diera los primeros tambaleos que esperaba me hicieran reprimir mis malos modos, y sobre todo aligerar la carga que mi rostro soportaba con gestos pesados, tan pesados como la neblina que rodeaba las calles.
Pero la noche ya no era sino un mero pretexto, una alcahueta que permitía observar el fulgor de las luces de una ciudad con insomnio.
"he debido quedarme en casa. Siempre odié esta teatralidad implícita en el hecho de aventurar nuevos caminos. No es puro hastío el que habla por mí si no el miedo - pensé mientras prendia otro cigarro-.
De pronto la ausencia de ánimo por abandonarme a mí mismo,o quizás para encontrarme, se convirtió en sonido que penetraba en mis oídos y taladraba mi entendimiento sobre esta calse de convivencias. Rodeado de gente me hallé y mientras la noche aclaraba su vista, irónicamente, mas ebria se percibía.
Pero no se sentía mal...
Entre tanto, mis musculos se relajaban y percibía la presencia de algo que conocía de vista, que saludaba de lejos pero, que nunca retornaba mi cortesía. No estaba solo, e increiblemente la miseria que siempre acompañó en mi mente al concepto de compañía no se hacia notar; y no era labrujería de la casualidad, esa casualidad que nos vuelve adecuados en las intermitentes pausas de una charla , ¡No! esta vez parecía algo próximo y de naturaleza precisa, pero aun no lo comprendía y seguía guiandome de la mano de un extraño que me prometía la esperanza de olvidar los fantasmas, y como el niño que no mide riesgos ni presta oidos a los consejos paternos, solo lo seguía donde quiera que aquella quimera gustoza pretendía llevarme, sin preguntar ¿dóndes? ni ¿por qués?
Mientras mi mente volaba en busqueda de respuestas, y mientras analizaba la extrañeza que le invadia por las añejas sensaciones que despertaban de nuevo, me vi interrumpido con el súbito estímulo que una de las 3 acompañantes con las que compartía la velada, le recordó el hecho de conservar en su bolso aun, un detalle que seguro habría adquirido esa misma tarde ya que estaba presta a entregarmelo en cuanto nos vieramos; con sinceridad y sin ninguna otra pretencion que la de sacudirme el alma. Con ello me recordó el mal trabajo que desempeñé al sepultar mis emociones "malditas!!!" aun quedaban algunas rondando - pensé - en tanto sentía como mis gónadas se volvían solo un capricho de la naturaleza, pues eran tantas las emociones que me circundaban que incluso aquella mascara de cejas fruncidas y muecas desencajadas parecía caer, dejando a la luz rastros de sensaciones mas sutiles que alguna vez mi rostro supo mostrar.
"Seguro que nunca te habían regalado nada" - aseveró entre risas - sin duda un comentaaro que para cualquier otro habría resultado lastimero, matando la calidez del momento, pero para mi, su mordaz intención de allegarme un ácido chiste me resultó aun más encantadora y no pude si no responder con algo digno de un pobre diablo, y entre tartamudeos respondí:
"No...bueno...a veces, mi mamá...creo... heeeee"
Y recargando la cara en la mesa, enseguida comenzamos a reír. Tal vez por compromiso, talvez por que esta vez, lo dicho, si había sido hiriente. Para mi por su cercania a la verdad, para ella por habermelo recordado.
De pronto comencé a sospecharlo. La noche acababa para nosotros, afuera de su causa, en el auto, con sensibilidad de por medio y cual película bien ambientada contamos con el soundtrack de una noche memorable, noche que apunto de morir, pretendía dar vida a una innumerable cantidad de días y demás noches. Momentos y emociones, que ni ella ni yo esperabamos venir.
Ella (Tú): "Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien..." (los ojos algo rojos y la mirada sincera)
Yo: "...yo, yo tampoco..."
Mentiras, puras mentiras. La verdad es que yo NUNCA me había sentido tan bien...